Divorcio y niños, ¿qué hacer tras un divorcio?

¿Cómo afecta un divorcio con niños? ¿Qué actitud tomar? Como pasa en los adultos, cualquier cambio importante en la vida de un niño como es el divorcio de sus padres puede provocarle diversa sintomatología que no se debe considerar inadecuada y que, al contrario, debe valorarse dentro de la normalidad. Sentimientos como desconcierto, inseguridad, tristeza, enfado, dificultad para concentrarse ó para expresar sus sentimientos… son habituales en estos casos. La conducta de los padres ante esta sintomatología es esencial para ayudarlos y acompañarlos en este proceso. Debo indicar que, atendiendo a mi propia experiencia realizando peritajes psicológicos y mediaciones familiares, el proceso de adaptación que implica toda separación ó divorcio es mucho más difícil para los adultos que para los niños. Los niños nos sorprenden a menudo debido a su capacidad de resilencia y desarrollan recursos personales que hasta entonces no habían tenido la necesidad de desarrollar. Los padres me indican que los ven más maduros y les suele apenar este hecho. No obstante, se debe tener en cuenta lo positivo de este cambio, ya que durante toda su vida nuestros hijos van a tener que adaptarse a diferentes situaciones y ésta se trata de una situación más.

Para ayudar a los niños, ambos progenitores deben establecer un clima de serenidad y de entendimiento entre ambas partes:

–          Es importante mantener al niño alejado de las disputas de los mayores.

–          No debe convertirse en nuestro sostén emocional ni tampoco en un aliado contra el otro miembro de la pareja, ya que no está preparado ni por edad ni por madurez para ello.

–          No se debe descalificar al otro miembro de la pareja cuando el niño esté presente. Por muy mala relación que se tenga con el padre/madre y por muy mal que se porte con nosotros, no debemos olvidar nunca que se trata de su progenitor y que insultarlo/a ó hacer malas caras cuando se habla de él/ella perjudicará a la autoestima del niño.

–          En la medida que sea posible, debemos intentar que los cambios en la vida del niño sean los mínimos posible: permanecer en la misma ciudad, barrio, escuela, mantener las mismas rutinas, etc. le dará estabilidad a su vida.

–          Debemos estar atentos a señales como dolores recurrentes de cabeza ó de barriga, exceso de rebeldía ó irritabilidad, que no sean habituales. Así mismo, también se debe atender mediante “escucha activa” al niño, pero sin agobiarle.

–          En caso de tener alguna duda al respecto, es conveniente consultar a un psicólogo/a especializado/a para recibir orientación y asesoramiento, antes de intervenir con el niño innecesariamente.

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